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martes, 29 de octubre de 2019

MÁS ALLA DEL 500 ANIVERSARIO DE LA HABANA (Parte III)

Y sobre un programa que indique cómo queremos que sea esta ciudad en el futuro y la decisiva participación popular.



El aniversario 500 de La Habana nos permite examinar disímiles aspectos de la ciudad, sin otras pretensiones que no sean las de exponer algunos criterios que puedan servir para el debate de cómo hacer una capital más bella y funcional.

Uno puede andar por la capital durante horas sufriendo directamente los rayos del sol. La Habana al perder cada vez más sus árboles, pierde también su belleza. Comunales (insensible e inmune a las críticas) en general realiza cada año podas de árboles con verdadera e insana saña. La falta de una política que promueva la arborización, una deficiente cultura ambiental, la ausencia de vigilancia y control de las autoridades ha hecho que vecinos inconscientes ante la pasividad cómplice de los que viven en sus cuadras, quemen o dañen impunemente los árboles. Comunales y vecinos siembran tanto en los nuevos parques como en las cuadras, pequeñas palmitas y arbustos que no dan sombras. Hay que seleccionar los tipos de árboles que se van a sembrar para evitar que sus raíces rompan las aceras como ha sucedido en gran parte del Vedado y Playa. Se avecina la crisis climática y la elevación de la temperatura, aumentarán los enfermos de cáncer de piel y la polución que daña la salud, por estas razones y muchas más es imprescindible arborizar poco a poco a esta ciudad y crear nuevas áreas verdes. Este empeño podría realizarse con el concurso del sistema de educación y sus estudiantes lo que contribuiría a fortalecer en ellos el amor a la naturaleza y a su ciudad, y a preservar los árboles. No debía faltar la siembra de árboles frutales en carreteras y autopistas de la provincia y también en las cercas de las granjas y fincas. 
Por las noches la belleza de las ciudades depende en gran medida de su iluminación. El iluminar soberbios inmuebles o monumentos es un arte. Existen diseñadores altamente especializados que hacen maravillasen la iluminación de ciudades. Con el desarrollo de la producción de los paneles solares y su abaratamiento se abre una nueva posibilidad de ampliar la iluminación de la capital habanera, limitada por problemas financieros. Imaginemos iluminados la entrada de la bahía y sus castillos, la Universidad de La Habana, las cinco plazas de Habana Vieja. O el faro de El Morro o la Universidad de la Habana con su Alma Mater encendiéndose cada hora para regocijo de los habaneros. Esto conllevaría la preparación de especialistas y diseñadores. El estimular que empresas estatales, cooperativas y negocios privados puedan comprar paneles solares (mejor sería producirlos en Cuba) para iluminar las fachadas de sus inmuebles contribuiría a iluminar a la ciudad.

El país, debido a la severa falta de financiamiento que padece, no ha podido garantizar el equipamiento destinado a mantener la higiene de la ciudad.  El gobierno actualmente está enfrascado en adquirir camiones que recojan la basura y contenedores para La Habana. Graves problemas internos y deficiencias han lastrado la labor de Comunales, acompañadas por las indisciplinas sociales que se muestran en personas lanzando basura y latas a las calles, y en maltratar y no tapar los tanques etc... (El tema de la higiene debía incluirse en las “Normas de convivencia social” antes señalado). Además de mejorar el equipamiento se requiere en primer término fortalecer a Comunales y exigir que cambie las formas burocráticas de trabajar, lo que se manifiesta entre otras, en colocar los nuevos tanques de basura en una cuadra sin informar previamente al delegado y a los CDR para demandarles que los cuiden; el ubicarlos sin pintarles correctamente el número de las calles a las que están asignado; en olvidarse de ellos hasta que gracias al mal trato o acciones ilegales deben ser desechados por inservibles. Para prolongar el tiempo de uso de los tanques de basura se requiere que Comunales deba poseer los medios para limpiarlos sistemáticamente, (aspecto este que nunca se ha tenido en cuenta y es determinante para su cuidado), y contar con talleres especializados para darles mantenimiento y repararlos. Algo a valorar es que las tapas de algunos de los tanques de basura producidos en el país, son tan pesadas que a veces al manipularlas tumban al depósito y por ello a veces se quedan abiertos. Además de la mala impresión que dan los tanques sucios y rotos, un simple análisis económico arrojaría que es menos costoso invertir en mantenerlos limpios y darles mantenimiento sistemáticamente para alargar su vida útil que continuar como hasta ahora. Lo de la limpieza y el mantenimiento se extiende también a los camiones de basura y la necesidad de limpiarlos sistemáticamente. Es indispensable por el creciente número de construcciones tratar de garantizar los contenedores para recoger los escombros. Otro problema a solucionar sin más dilación, es la falta de trabajadores que recojan la basura de las calles, y no olvidar la atención priorizada en todos los sentidos a los que realizan esta importante tarea (se trata de salario, ropa, calzado, meriendas, atención médica, reconocimiento social). Quizás se podría imitar (para las zonas periféricas), la manera en que ciudades del interior, recogen la basura utilizando carretones tirados por caballos.

El sistema de transporte público de La Habana es deficiente y necesita profundas modificaciones. Hay ciudades que combinan con eficacia los ómnibus, los trolebuses, el metro, los taxis. Hace poco un querido amigo me recordaba algo que existe en New York. El  metro neoyorquino es subterráneo y aéreo. Para el futuro se podría tener en cuenta esta variante mucho menos costosa. Así como reavivar o crear nuevas líneas férreas que conecten distintas áreas de la misma ciudad, y con las de Mayabeque y Artemisa lo que avivaría el desarrollo económico y social. Conocemos el propósito del gobierno de negociar el ensamblaje de ómnibus y equipos ferroviarios de empresas rusas y chinas, con el propósito de llegar a producirlos en el país. Y también, que al parecer acertadamente nos inclinamos por adquirir, ensamblar y producir en el futuro ómnibus eléctricos e híbridos (combustible y electricidad). Hace unas semanas la dirección de transporte de La Habana informó que les faltaban varias decenas de choferes para los ómnibus. Cosas como esta debían ser para cualquiera administración retos a enfrentar y solucionar lo más rápidamente posible. Desde el principio las autoridades provinciales cometieron sucesivos errores en cómo tratar el tema de los taxis ruteros. Olvidaron que son taxistas privados y no trabajadores estatales y por ello no lograron lo que se proponían. Como se ha asegurado reiteradas veces,  la tecnología sola, no es la solución de los problemas. Ejemplo de esto es el GPS. Luego de instalado este sistema por el Ministerio de Transporte, continúan manifestándose las mismas indisciplinas por parte de los choferes de equipos tanto de transporte público, como del de cargas. Es responsabilidad absoluta del Mitrans garantizar que los responsables de controlar directamente el GPS lo hagan correctamente.

Muchas calles de La Habana presentan un estado lamentable, lo que es causa de accidentes y del deterioro acelerado de los vehículos. Conocemos que se trabaja para solucionar esta situación a mediano y largo plazo con inversiones en plantas de asfalto y en la adquisición de equipamiento. En este problema han influido tanto la baja calidad y la escases de asfalto, la falta de equipos, de transportes y de combustible, pero también debido al mal trabajo que han realizado muchas  brigadas de viales y a la sustracción de recursos. Organismos internacionales de transporte han calculado que el gasto en piezas de repuesto y en combustible provocados por circular en vías en mal estado supera en tres veces los dedicados a mantenerlas en buen estado. Algo que también ha afectado gravemente el estado de muchas calles se debió, a que sucesivas autoridades de la provincia no exigieron (como debían) a las empresas del agua y el gas que sus brigadas  luego de abrir las zanjas en las vías, las taparan concienzudamente con los materiales adecuados en cantidad y calidad. Ahora de lo que se trata es de impedir de una vez por todas que este fenómeno se vuelva a repetir. No se puede permitir que ninguna empresa o un particular rompan una calle para instalar un servicio y no lo tapen con la rapidez y la calidad requerida.

Considero atinada la orientación de Díaz Canel de dedicar brigadas para que  tapen los pequeños baches, antes de que se conviertan en obstáculos casi insalvables para equipos automotores y peatones. Tal vez algunos importantes empresas y centros de trabajo puedan contribuir con esfuerzo propio a reparar con unos pocos sacos de cemento los baches que afectan la arteria en donde se encuentran ubicados. Un ejemplo a señalar es el mercado de 5ta y 42 en Playa. No se puede dejar de mencionar que cuando se asfalta una vía las brigadas dejan casi siempre hundidas las tapas del alcantarillado con lo que se crean condiciones para que sucedan accidentes. Ejemplo es el Paseo del Prado y la calle 23. 

El tema de los semáforos chinos es un mal ejemplo. Los colocamos en las calles principales y transcurridos unos pocos años ya están fuera de servicio por falta de piezas de repuesto. Tal vez esto podría tener solución si le damos la tarea a cooperativas que se especialicen en repararlos y darles mantenimiento (y quizás hasta de producirlos). La deficiente señalética y la pintura de las señales de las calles son tareas a tener en cuenta en el futuro. En cuanto a los accidentes de tránsito se podría pensar para un futuro poner cámaras de video, solo en aquellos semáforos y vías con elevadas incidencias de accidentes. No tendrían que estar funcionando siempre, pero servirían para detectar a los infractores y en advertir a los choferes. Algún día arreglaremos las calles de La Habana y en el caso de las aceras lo haremos con la colaboración de los vecinos de cada cuadra.
En la época de la colonia el baile era como una fiebre para los habaneros. En el período de la república burguesa había muchos lugares para bailar. Hace unos  años las autoridades de La Habana prometieron crear con este fin 100 centros en la ciudad. No sé la razón, pero no se pudo siquiera iniciar este proyecto. Ahora solo quedan unos pocos espacios para que los jóvenes bailen. Para suerte de los bailadores sobrevive La Tropical. Los bares y cabarés existentes son pocos y muy caros para muchos de los que quieren y necesitan bailar. Un objetivo a priorizar sería crear nuevos centros de baile en todos los municipios. Estas actividades festivas deben organizarse para el disfrute especialmente de los jóvenes trabajadores y estudiantes y no para aquellos con conductas antisociales.
Es inmenso lo que se puede hacer en el Parque Metropolitano y lo que significaría para La Habana. El río Almendares y sus hermosas riberas con su vegetación paradisiaca, el amplio (y no explotado) territorio que abarca. El gran parque situado debajo del puente del Almendares espera por un buen proyecto que lo haga brillar. Los inmuebles y unidades tanto estatales como privadas que existen al alrededor del río son una potencial base material que nos permitiría transformar esta zona por decisión estatal, en algo realmente extraordinario para la población de la capital y de los turistas. El acreditado arquitecto Mario Coyula (ya fallecido), una vez planteó estudiar la posibilidad de hacer un malecón en la ribera del río ubicada en el municipio Plaza. Es mucho lo que habría que hacer en esta zona privilegiada y única de La Habana, pero  en primer término es ineludible conseguir la higienización de las aguas del río y su dragado.
En saludo al 500 aniversario se está remozando completamente el Barrio chino. Debe quedar como una experiencia negativa que hayamos dejado que se deteriorara. Escuchamos que además de los servicios gastronómicos con la excelente comida de ese país se ampliaran las ofertas culturales. Existen muchas expresiones de la cultura china que podrían realzar a esta zona y convertirla cada vez más en una atractiva área turística, para lo que se podía pensar en continuar extendiéndola físicamente por la calle Zanja. También podríamos en base a un programa a mediano y largo plazo lograr cada vez más engrandecer los festejos que celebra el Barrio chino. Un propósito podría ser darles un carácter internacional con la ayuda de China.

El carnaval de La Habana no es atractivo para una parte de los habaneros, que lo manifiesta no participando en estos festejos. Políticas equivocadas, la participación en su organización de personas no nacidas en La Habana y por ello desconocedores de las  tradiciones de estas fiestas, los cambios arbitrarios de fechas, la perenne falta de recursos financieros y materiales y otros errores causaron  severos daños a estos festejos que constituyen un ineludible e importante evento cultural de La Habana. Es casi una vergüenza cuando comparamos nuestro carnaval con las renombradas Parrandas de Remedios o Chambas o con los del carnaval de Santiago de Cuba, el cual es un verdadero fenómeno cultural que involucra a toda la población. ¿No podemos poco a poco hacer más bellos y atractivos a nuestros carnavales? Quizás podríamos proponernos ampliar la colaboración con otras instituciones y organizaciones para lograr en un futuro celebrar los mejores carnavales de Cuba, del Caribe y Centro América y darles un amplio carácter internacional.

La ciudad necesita realmente aumentar sus ofertas de recreación y en particular para los jóvenes. Históricamente muchos han criticado que no se aprovechen las extraordinarias potencialidades de los Círculos Sociales del municipio Playa (otrora Clubes de la burguesía). Ciertamente estos centros con un área de costa y de mar privilegiados no prestan los servicios que debían a los habaneros y generalmente solo se utilizan en los dos meses del verano (playa). Hay quienes proponen convertir a los Círculos Sociales del municipio Playa, en Palacios de la Juventud, que ofrezcan recreación, conocimientos, cultura a los niños, adolescentes y jóvenes y que esto contribuya a su formación. Sin perder su condición actual de centros de mar y playa, se podría comenzar esta experiencia con uno de los actuales Círculos.

Esta tarea requeriría el concurso de diferentes administraciones. Se podrían ofertar cursos y competencias sobre: tecnologías de la informatización, cómo aprender a ser escritor; exhibiciones, presentaciones y debates de libros, de filmes, series y de obras de teatro; clases de instrumentos musicales, de canto, de baile, de artes plásticas, de actuación; cursos elementales de especialidades de cine y tv; clases y competiciones de Chef ; talleres vocacionales; concursos de conocimiento con la cooperación del Programa de TV “La neurona intranquila” etc…así como competencias deportivas y de artes marciales. Se realizarían competiciones de juegos digitales y se obsequiarían o se venderían juegos, libros, filmes, seriales, La Mochila, etc… Además, estos Palacios de la Juventud podrían celebrar los fines de semanas matinés y bailables solo para adolescentes y jóvenes estudiantes y trabajadores, previamente asociados con los carnés correspondientes (sin bebidas y con un pago módico). Se diferenciarían las matinés bailables para adolescentes los sábados y domingos de 3pm a 7pm., y los bailables para jóvenes los viernes y sábados de 8 pm a 2am. Quizás sea posible fundar un Palacio de la Juventud en cada municipio.
A los titánicos esfuerzos del Historiador de la Habana se debe el haber preservado muchos de los inmuebles del Malecón. Dada su magnitud esta tarea continúa. El traslado del puerto de La Habana para Mariel abre extraordinarias posibilidades de desarrollar a la bahía como una excepcional área para la recreación de los habaneros y del turismo extranjero. Recuerdo cuando hace unos años (para delicia de los habaneros) surcaban sus aguas dos reproducciones de naos o carabelas. Otra de las sugerencias del arquitecto Mario Coyula fue la de convertir la central termoeléctrica Otto Parellada (Tallapiedra) ubicada en el área de la bahía, en un Museo de Arte Moderno o de la ciencia y la tecnología. Sabemos que la Oficina del Historiador tiene grandes planes para el Malecón y la Bahía los que solo estarían limitados por el tema del financiamiento (1).
Paseo del Prado, también una de las zonas más hermosas y emblemáticas de Habana Vieja y de la ciudad merece inversiones para embellecerla aún más. Hace años conocí que la Oficina del Historiador de la ciudad proyectaba construir una quincena de nuevos hostales en antiguas y hermosas edificaciones existentes en el Prado, pero que faltaban los inversionistas. Igual ocurre con O Reilly, una extraordinaria vía que complementaría a la de Obispo. Hay que velar por el cuidado, limpieza y mantenimiento de sus áreas verdes y del corredor. Ya hay partes del piso del corredor del paseo del Prado que están rotas. Hay habaneros que aprecian una tendencia negativa en la calidad del servicio que prestan las maravillosas unidades de Habana Vieja.
La Habana requiere multiplicar las cooperativas y los negocios (pequeños y medianos), jerarquizando los industriales. Soy de los que consideran  que las unidades estatales habaneras de gastronomía, recreación y otras, pasen a ser cooperativas, por poseer un carácter socialista y crear riqueza social, y así liberar al Estado de una carga que palpablemente no pueden controlar. Es evidente que la mayoría de las  cooperativas no logran desempeñarse como tales ya que continúan actuando como si siguieran siendo estatales y por ello no obtienen los éxitos esperados. Es triste ver como El Potín (cooperativa) no logra relumbrar. Esto fuerza a las autoridades planear que hacer para cambiar radicalmente esta situación. Considero que en la correcta elección de los presidentes y su sistemática capacitación y el enseñarles cómo funcionan las “asambleas de socios”, están parte de las respuestas. Las cooperativas tienen una larga y en general exitosa historia desde que surgieron hace dos centurias en Europa occidental. Un ejemplo a destacar son las fábricas argentinas, cooperativizadas por sus propios trabajadores cuando sus propietarios quebraron a causa de la crisis hace ya una quincena de años.
Aunque las estadísticas demuestren la bajísima asistencia de la población a las funciones de los cines, ha sido un grave error dejar que muchas salas se deterioraran para luego cerrarlas o cederlas a otras instituciones, como si La Habana tuviera muchos espacios de recreación. Aunque es un fenómeno universal por la llegada de las Tics, en otros países han estimulado la creatividad y las salas de cine (aunque en menor número) siguen prestando servicios. Considero que han incidido otros factores como el absurdo de que la TV proyecte el filme de estreno unos días antes de que se exponga en los cines, o la falta de climatización y las malas condiciones de las butacas y salas, o lo poco atrayente de muchas  películas que se ofertan (un ejemplo positivo fue Inocencia que llenó los cines), o la poca promoción que se les hace a los filmes. Cuando hace años salía un grupo de jóvenes del pre o de la universidad era una costumbre entrar en el Yara o en el Riviera aunque la película ya hubiera empezado. No sabemos quién decidió que debíamos  ser “cinéfilos a la europea” y que solo se podía entrar minutos antes de que se iniciara la proyección del filme. Las salas que se recuperen podrían indistintamente ofertar películas, obras de teatro, espectáculos musicales o humorísticos. Por otra parte debe tenerse en cuenta que son los adultos y específicamente los de la tercera edad, los que prefieren el cine y debido a la escases de transporte a veces les es imposible trasladarse al Proyecto de la calle 23. En otro sentido no sé la razón por la que no existe en La Habana un teatro musical. Tenemos el Fausto situado en el Prado o Actualidades, ambos en zona turística, o los teatros América o Martí. Acabo de conocer que el presidente Díaz Canel ha orientado salvar a los cines de La Habana. Muchos habaneros agradecerán el volver a las salas de los  cines Ambassador, Arenal, Fausto, Actualidades y otros.

Entre los deseos de muchos habaneros se encuentran: devolverle su pompa a La Rampa y rescatar sus bellos mosaicos; impedir las inundaciones en el malecón de La Habana; contar con un buen servicio de pequeños trenes que enlace a la ciudad con El Lenin, el Parque Botánico y el Zoológico Nacional; la reconstrucción de la tienda Fin de siglo y del teatro Amadeo Roldán;  que una estatua de Carlos Manuel de Céspedes presida la calle G (Avenida de los Presidentes); soterrar los cables de la electricidad y el teléfono; que afamados artistas continúen haciendo esculturas de personajes destacados de la ciudad (impresionan gratamente las del Caballero de Paris, Hemingway, Antonio Gades), y construir también vistosos conjuntos escultóricos con fuentes de agua. Tener en cuenta que los modernos sistemas permiten reciclar el mismo liquido mucho tiempo (2); que el castillo de El Príncipe preste servicios a la población; extender los “Aires libres”; evitar las incipientes muestras de mendicidad en algunas calles de la ciudad; embellecer las tiendas que están destinados a comerciar y evitar que se saquen los productos para la venta fuera de los locales o en las ferias “campestres” en las calles; que las autoridades (de acuerdo a la situación económica) se esmeren y con mayor  creatividad  para multiplicar y agrandar los festejos de fines  de año (desde el día 24 hasta la celebración del último día del año el 31 de diciembre y el 1ero de enero, por el triunfo de la Revolución).

Muchos habaneros (especialmente los que las conocieron) sueñan con reanimar las calles, esquinas, restaurantes, bares y clubes célebres en el pasado (sería muy positivo hacer un censo y en la medida en que se puedan acometer, someter a concurso público los proyectos de cómo revivirlos). Ejemplo negativo a tener en cuenta: la maravillosa calle 23 decae por las noches (incluida La Rampa). A diferencia de los establecimientos privados, los estatales cierran en horas tempranas. Los portales del cine Yara en ocasiones están llenos de papeles y envolturas de confituras; La Pelota (23 y 12) languidece convertida en un café de medio pelo y es de las que no trabajan después de las  9 pm; en Cinecitta, los clientes durante el día largas colas bajo el tórrido sol antes de entrar; enfrente, el establecimiento que lleva el nombre de 23 y 12  no aporta nada al entorno y hasta lo afea. En la cuadra de 12 entre 23 y 25 (de manera absurda no dejan parquear allí) frente a boutiques y al lado de un mercado se encuentran portales que por su deterioro dan pena; el ten cent de 23 y 12 se ha convertido en una gran y a veces mal oliente bodega con vidrieras que dan una pésima impresión (3). Esta célebre esquina (ahora abatida y empobrecida), al igual que otras, debía tener un destino diferente.
Muchas grandes tiendas (Galerías Paseo en Plaza y 1era y 70  en Playa entre otras) tienen los pisos rotos por el pésimo manejo de las carretillas que internamente se utilizan para trasladar las mercancías;  la suciedad y la falta de higiene imperan como en el de 1era y 70 antes señalado. En muchos de estos establecimientos sucede que en las afueras de sus locales, vendedores ilícitos ofrecen con descaro, las mercancías que ya no existen en las tiendas. Y todo esto sucede ante los impávidos ojos o la complicidad de los gerentes y jefes de pisos de los establecimientos y de las cadenas.  
 Un mal ejemplo lo constituye el Agro de 42 y 19 en Playa. Sucio, desordenado,  a veces con mal trato a los clientes y vendedores en sus exteriores que ofertan lo mismo huevos que camarones, que etc…  Otro que debe mejorar su presencia es el del Ejército Juvenil del Trabajo de 17 y K, cuyo corredor central es un desastre y cuando llueve los clientes se enfangan. El asunto de los horarios es un tema a analizar. ¿Cómo es posible que agros importantes como el de 17 y K cierren a las 3 de la tarde (incluyendo los sábados? Esto hace que los trabajadores tengan que comprar en horarios de labor.    

Son cientos de miles los habitantes de la ciudad que tienen más de 60 años y casi no existen urinarios en la ciudad. Es imperioso evitar lo que no se corresponde con nuestra cultura y educación. Se deben crear nuevos urinarios en toda la ciudad y orientar a los centros gastronómicos estatales y privados que deben prestar este servicio. Por cierto muchos de los baños de los centros de trabajo, incluidos los de policlínicos y hospitales dan pena.

Estoy seguro que con el concurso de todos lograremos La Habana que todos queremos.

Nota:
(1) El divulgar estos planes y someterlos a concurso compulsaría a los habaneros a sentirlos como suyos y a participar en ellos.
(2) Muchos habaneros consideran que la Fuente de La juventud, situada en el Malecón frente  al hotel Riviera, por el lugar que ocupa debía haber sido más deslumbrante.
(3)En el bulevar de Enramadas en  Santiago de Cuba los establecimientos, pese a las escaseces, muestran vidrieras adornadas.


jueves, 27 de junio de 2019

MÁS ALLA DEL 500 ANIVERSARIO DE LA HABANA (Parte I)

Y sobre un programa que indique cómo queremos que sea esta ciudad en el futuro, y la decisiva participación popular.

                                                                                               A Eusebio Leal Spengler

Como habanero amo a mi ciudad y la considero una de las más bellas del mundo. Junto a ella, he sufrido su paulatino deterioro, ahora me enorgullezco de su mostrada vitalidad y resistencia, de su capacidad para curar sus heridas e intentar renacer para ser mucho más bella y funcional. Me he sentido impelido a escribir lo que he soñado y debatido durante años con familiares y amigos. Pido a los especialistas en este complejo tema que me excusen por ideas y juicios que consideren inadecuados o faltos de sustento profesional. Las opiniones y sugerencias no están solo enmarcados en (o para) estos dificultosos años, he tratado con racionalidad de pensar en futuro.

El 16 de noviembre de 2019 se conmemorará el 500 aniversario de la fundación de la ciudad de La Habana, otrora villa de San Cristóbal de La Habana. Nos separan de la fecha un par de semanas. Es meritoria y concluyente la atención directa y sistemática ofrecida por Miguel Díaz Canel, presidente de la República de Cuba con la participación de ministros y las autoridades de la capital, para que la ciudad comience a revertir su acentuado deterioro de años y poco a poco recupere y acreciente su esplendor. Esto da un preciso e imprescindible respaldo a tan enorme esfuerzo. Es relevante en este empeño el aseverar que el programa no se detendrá el 16 de noviembre y continuará indefinidamente hasta lograr una ciudad total y verdaderamente “maravillosa”. Pero por encima de todo, los 500 años de la fundación de La Habana nos deben compeler a pensar y planear de manera integral en cómo queremos que sea en el futuro esta legendaria ciudad.

No es preciso señalar la importancia de La Habana para el país. La capital de Cuba es la de mayor población y superior desarrollo económico del país. En ella radican las más altas instituciones del Estado. Aquí se celebran los más importantes congresos y eventos de carácter nacional e internacional. Nuestra ciudad tiene una historia extraordinaria, su población laboriosa, perennemente ha respondido a todas las tareas de la Revolución. Un pueblo de gente apasionada y cariñosa, de trato agradable, que quiere continuar disfrutando de la paz y la tranquilidad ciudadana  y anhela con todas su fuerzas ver como su ciudad se hermosea y ennoblece.

Pese al deterioro y la destrucción de numerosas obras urbanísticas de valor, La Habana no sufrió la pérdida de lo más significativo de su patrimonio histórico, como si sucedió en muchas otras ciudades del mundo por alcanzar una pretendida modernidad. En la Habana, como resultado de un singular pasado coexisten en un pasmoso y bello enredo disímiles estilos arquitectónicos construidos en diferentes épocas históricas, lo que le da a la ciudad una imagen ciertamente fantástica. Se suceden uno tras otro el mudéjar andaluz-criollo, le siguen el barroco cubano, el neoclásico, y ya en los primeros cincuenta años del siglo XX,  el eclecticismo, el Art Novo y el Art Decó.

La capital de Cuba también se caracteriza (al igual que todo el país) por una gran tranquilidad ciudadana y un bajísimo nivel delincuencial, muy distante a la situación en otras urbes en las que prevalece la inseguridad y las familias viven con un perenne temor a la violencia criminal. Todas estas condiciones y la calidad de su gente provocan en muchos de quienes nos visitan un impar arrobamiento y un profundo amor, así se explica que pese al palpable deterioro que sufre, haya sido declarada en 2016 como una de las “siete ciudades maravillas contemporáneas”.

Antes de 1959 la Habana Vieja, centro histórico de la ciudad,  declarado por la Unesco como  Patrimonio de la Humanidad (un verdadero tesoro arquitectónico de la época colonial hispana), estaba destinada a ser derribada por el menosprecio de las autoridades de entonces que no valoraban las joyas arquitectónicas e históricas que se escondían debajo de la mugre y los daños causados por el tiempo. En su lugar se erigiría  un conglomerado urbano con elevados edificios destinados a bancos, grandes comercios y viviendas de una población de altos ingresos. Ya en la época de Gerardo Machado, se planeó infructuosamente que al terminar la edificación del Capitolio, se construyeran a partir de la propia edificación dos anchas avenidas que terminarían en la bahía, razón por la que hubiera desaparecido gran parte de la Habana Vieja. 

La Habana de la década del 50 del pasado siglo, al igual que todas las capitales de la América Latina exhibían en esa época el mismo escenario urbano: por un lado una vitrina del paraíso burgués (y de las capas medias) y por el otro, su invisibilizado, oculto y ancho lado oscuro, desbordado por la miseria y el hambre de sus pobladores. Hoy, el neoliberalismo ha agudizado esta situación en Latinoamérica multiplicando sus villas miserias y favelas. Cuando hablo del esplendor de La Habana de antes del 1959, como es lógico me refiero principalmente a las zonas que en otra época lo fueron y que eran las visitadas por los extranjeros: Miramar, donde descollaba la deslumbrante 5ta Avenida y otras partes del actual municipio Playa; casi todo el Vedado en el de Plaza, y Santos Suárez, en lo que es hoy el municipio 10 de Octubre, así como otras pequeñas áreas residenciales ubicadas en distintas partes de la ciudad.

El Malecón era (y es), la vistosa avenida que distingue a la ciudad, y la calle Galiano, la principal arteria comercial de la ciudad. San Rafael, Neptuno, Monte, Belascoaín y otras se destacaban por sus numerosas y acreditadas tiendas y comercios. En los años 50 se desplazó el centro de la ciudad de Galiano y San Rafael hacia La Rampa. Un sector de la alta burguesía a donde se trasladó y construyó regios palacetes en los repartos Country  Club (Siboney)  y La Coronela (Atabey). Al mismo tiempo en el Vedado se construían 17 lujosos rascacielos. Existían además pequeños y hermosos repartos como los de Fontanar y Alta Habana entre otros, que se edificaron en esa misma época para sectores de las capas medias.

En la etapa de la república burguesa el resto de la ciudad no impresionaba por su belleza, pues esos gobiernos no se destacaron nunca por priorizar y atender las otras áreas mucho más pobladas y humildes de la capital. Esta casi absoluta falta de atención e inversiones también se manifestó para con las otras ciudades y pueblos del país, que languidecían sin perspectiva alguna de desarrollarse.

Durante la primera mitad del siglo XX , la bella y/o suntuosa arquitectura, así como el atrayente ordenamiento urbanístico de algunos municipios, barrios y repartos  privilegiados, solo eran disfrutados por la parte de la población favorecida, la mayoría de los habaneros vivía a en sus barrios humildes, impedidos en muchas ocasiones por su pobreza y/o su color de piel (salvo que prestaran servicios como empleados), hasta de caminar por esas hermosas y bien cuidadas calles y avenidas, siempre limitados a asomarse siquiera a las aristocráticas mansiones, a los regios rascacielos o a los lujosos hoteles, tiendas, bares o restaurantes, clubes afamados o hermosas playas privadas. Dan fe de esto los documentales, noticieros, las películas, la literatura y la prensa de aquellos años.

En la década del 50 del pasado siglo, la mafia estadounidense liderada por el conocido “capo” Meyer Lansky, en alianza con el dictador Fulgencio Batista habían acordado convertir a La Habana en un gran lupanar, en la capital del juego, la droga, la prostitución y el lavado de dinero, en donde campearían los “carteles” del crimen organizado. Se planeó rellenar, robándole territorio al mar, la herradura del malecón para construir unos 50 hoteles, por supuesto todos con casinos de juego. El triunfo de la Revolución en 1959 impidió realizar esos propósitos y fue entonces que la mafia se vio obligada a desplazarse a Las Vegas convirtiéndola en lo que es actualmente la “meca del juego... En esa coyuntura el negocio del narcotráfico predestinado a radicarse en Cuba, se enraizó con sus carteles en Colombia.

Al triunfar la Revolución en 1959, la inmensa mayoría  de las inversiones se ejecutaban en la capital en detrimento del resto del país, que sufría del olvido de los gobiernos de la República burguesa. A partir de esa fecha se aplicó una justa política y se benefició a quienes habían sido preteridos. Esta disposición extendida erróneamente por demasiado tiempo provocó que la capital favorecida antes de 1959 se afectara severamente, a lo que luego se unió en 1990, la profunda crisis económica (Periodo Especial) por la desaparición de la URSS y al recrudecimiento del inhumano bloqueo de los EE.UU. contra Cuba. Paradójicamente esto hizo que La Habana  conservara la misma estructura urbana y arquitectónica hoy tan admirada. En el afán por destinar los pocos recursos en la construcción de más viviendas, hospitales, presas, vaquerías etc… en todo el país, se cometió otra equivocación al no destinar recursos para dar mantenimiento y así contribuir a preservar la herencia ancestral de la capital.

La belleza de una urbe no solo la dan los imprescindibles e impresionantes rascacielos. La tendencia a calcar a New York ha hecho que muchas ciudades hayan mermado su identidad y su encanto. Las capitales europeas preocupadas por mantener su rico patrimonio urbano han fijado los límites de altura y hasta los estilos arquitectónicos para construir nuevas edificaciones en sus centros históricos. Destacados urbanistas señalan que de haber continuado la construcción desordenada de rascacielos en el Vedado, esta área, una de las zonas más hermosas y singulares de La Habana, irrepetible por demás, en unos pocos años hubiera perdido completamente su bella y original distinción para infortunio de la capital.

Ya en los 80 del siglo XX se planteó la construcción de un edificio de 50 plantas en la avenida Boyeros, al lado de la Biblioteca Nacional, para las oficinas del Consejo de ayuda mutua económica (CAME). Por suerte no se llegó a construir, pues hubiera arruinado el elegante equilibrio urbanístico de la Plaza de la Revolución. En Centro Habana, en la calle Zanja se erigieron dos edificaciones de 20 plantas que para muchos especialistas no estaban en correspondencia con el entorno. En la misma época se comenzó a construir el conjunto urbanístico de Alamar destinado a viviendas para el pueblo. Aunque como otros critiqué el proyecto por ser poco atractivo estéticamente, sirvió para ofrecerle vivienda a cientos de miles de habaneros. También demostró que no podemos olvidar preocuparnos por el entorno en el que vamos a construir y el crear previa y paralelamente las urbanizaciones, las infraestructuras y todos los servicios básicos sin excepción, incluidos los culturales y recreativos.

Existen zonas en el propio Vedado y en el resto del municipio Plaza y en otras de la ciudad en donde previo estudio por las instituciones correspondientes, se deben construir edificios altos (y medianos) que no dañarían el entorno urbanístico patrimonial y evitarían que la capital, ya de por sí con una excesiva extensión, siga ampliándose. Como La Habana debe crecer pero sin dilatarse más, se requerirá edificar en los espacios que se hallen disponibles y en los inmuebles desocupados. En un futuro, y de acuerdo a planes será necesario demoler los conocidos “solares o ciudadelas” y aquellas barriadas con precarias condiciones y sin valores urbanísticos, para levantar edificios que serán ocupados por esos mismos habitantes, con lo que se mejorarían sus condiciones de vida y la belleza del barrio. De igual modo se impone en un futuro el crear nuevas calles y buscar soluciones para aquellas arterias que se congestionan por el tráfico. En estos 60 años solo se han hecho las de Vento y la Ave. 25 en Playa.

Gracias a un original proyecto de Fidel y Eusebio Leal, el municipio Habana Vieja “autofinancia” su propio desarrollo. El centro histórico salvó así, su rica heredad y se está transformando en un lugar de ensueño. Leal, Historiador de la ciudad, durante largos años luchó denodadamente contra la generalizada concepción de demoler a la Habana Vieja. Con su fecunda labor ha sentado pautas en el hacer por conservar, reparar, embellecer y darle un amplio uso social y económico al patrimonio histórico de La Habana y haberle procurado a ese hermoso proyecto un profundo sentido humano. Los resultados alcanzados han servido para crear en los cubanos una cultura de amor por el patrimonio del país. En las ideas de Eusebio Leal siempre estuvo que Habana Vieja no se convirtiera en un “museo urbano” solo para visitantes, como ocurre en otras ciudades en el extranjero. Ahora este municipio renace de sus ruinas y en sus inmuebles reconstruidos habita un pueblo que estudia y trabaja.

La arquitectura señorial y deslumbrante siempre ha sido desde la época de los faraones egipcios o de los reyes babilónicos, un privilegio de naciones o personas ricas y poderosas, ya que son los que pueden crear obras majestuosas. Estas magnas edificaciones admiradas hoy por todos, se erigían sobre la miseria y el dolor de los pueblos. De igual modo sucedió en la Cuba colonial y en la Republica burguesa. 

La revolución socialista en un país subdesarrollado, que no poseía recursos naturales de ningún tipo, con una población desempleada y de bajísimos niveles escolares y de salud, y sufriendo por el triunfo revolucionario del éxodo de numerosos profesionales, no podía destacarse por desarrollar una hermosa arquitectura, ni a construir obras monumentales enfrascado como se hallaba en la necesidad  de desarrollar la economía, y dar empleo, alimentos, educación, salud, cultura, y promover la ciencia y el deporte, sin olvidar los cuantiosos caudales que debió invertir  en la defensa por hallarse bloqueado y acosado ferozmente por los gobiernos de EE.UU. por espacio de 60 años(1).  Apremiada en los primeros decenios por construir más y más viviendas para la población hasta esos momentos desposeída, utilizó ampliamente prefabricados de los denominados Gran panel y el Girón, los que no contribuyeron a embellecer a nuestra ciudad. Entre 1960 y 1990 se edificaron alrededor de 2 millones de unidades habitacionales,  miles de escuelas, cientos de secundarias, preuniversitarios y universidades, hospitales, policlínicos, presas, decenas  de miles de Kms. de viales, etc… Luego, en 1990, con el derrumbe de la URSS y del socialismo europeo, sobrevino el largo Período Especial. Esta terrible crisis hundió al país en una economía propia de la guerra por espacio de más de dos decenas de años, y entonces lo único posible para Cuba era tratar de sobrevivir. A esto se  unió que muchos de los que gobernaban no eran oriundos de la ciudad, a la falta en general de conocimientos sobre arquitectura y urbanismo, y no dejemos a un lado los escasos recursos y la poca exigencia de las administraciones provinciales por preservar, lo que ha afectado negativamente a todos los municipios  de la ciudad. 

La terrible crisis económica, como una pesadilla dañó con fuerza telúrica todos los aspectos de la vida en La Habana. Por espacio de casi dos decenas de años, la población sufrió numerosas penurias y los edificios, las viviendas, y calles, aceras, el arbolado urbano, se fueron estropeando. No hubo nada que se salvara de esta hecatombe, se redujeron hasta límites insospechados: la alimentación, el transporte público, la falta de combustibles, la escases de  medicinas… La ciudad perdía poco a poco su elegancia, y por añadidura estas terribles y anómalas condiciones afectaron enormemente las costumbres y las formas de pensar y actuar de los habaneros. En  la población se resquebrajaba la disciplina social y comenzaron a manifestarse conductas no acordes con el alto nivel escolar y la educación alcanzadas hasta esos momentos por los  habaneros.

Por otra parte creció aceleradamente la migración (de carácter económico) que recibíamos de otros territorios de Cuba. La Habana de acuerdo al censo de 2012 cuenta con una población de más de 2 millones de habitantes. De ellos medio millón son inmigrantes provenientes de otros territorios del país, para un 25%.  Esta población generalmente con un menor desarrollo escolar y económico, también contribuyó al surgimiento de  indisciplinas sociales que se manifiestan de diversas formas. Parte de ellos se concentra en locales que no reúnen las condiciones de vivienda o se asienta ilegalmente en terrenos en la periferia de la ciudad, en los que no están creados los entornos urbanos para vivir. Aunque las autoridades y el Instituto de Planificación Física tratan por diversos medios de impedir esto y buscarle alternativas, la solución definitiva es aumentar la construcción de viviendas en La Habana y en esos otros territorios del país. Debemos destacar que la ciudad dada la falta de fuerza de trabajo los necesita. La mayoría de ellos se desempeñan con eficacia en todas las esferas económicas y sociales y garantizan la vida de La Habana.

La introducción en esa época de crisis y escaseces, de mecanismos mercantiles en la economía para salvar a la revolución socialista, incidió enormemente en la degradación de las relaciones humanas que se habían forjado durante años, y surgió una capa social de personas incultas, egoístas, guaposas o picaras que medran inventando “negocios”, acaparando productos para revenderlos y todo lo resuelven por medio de lo que llaman  “luchar” alternándolo con la vagancia. Este sector generalmente de bajo nivel de instrucción y desprovisto de valores incomoda y ejerce una nociva influencia en la sociedad.

La Habana, pese a recibir esta amplia inmigración interna, sufre un grave problema con el progresivo estancamiento de su población debido a la baja natalidad, a que el número de fallecimientos ya supera los nacimientos, y a la emigración para otros países. Entre las causas de esta emigración se hayan entre otros, la difícil situación económica del país acentuada por el Bloqueo de los EE.UU. y el deseo (estimulado por la propaganda que reciben a través de películas, series…) de migrar a países desarrollados para mejorar su nivel de vida, otro elemento de importancia es el de la reunificación familiar. El no crecimiento de la población de La Habana (y de toda Cuba) por la baja natalidad, es un fenómeno social, cultural y económico muy complejo. Considero que en nuestro país es principalmente expresión del desarrollo social y cultural de la población y de las mujeres en particular y en segundo término por la difícil situación económica. No se puede explicar este fenómeno solo por razones económicas, ya que en muchos países europeos como España e Italia y otros con superiores niveles de vida se comprueba el mismo problema. En cambio, países con condiciones económicas paupérrimas tienen altos índices de natalidad. El gobierno cubano comprende la necesidad de adoptar medidas  dirigidas a detener el decrecimiento de la población. Se ensayan  acciones como la de ofrecer viviendas a las mujeres con tres hijos menores de 14 años, o la de la procreación asistida por el sistema de salud pública, a más de 100 mil familias deseosas de tener descendencia, pero esto no basta y se requiere profundizar en este tema.

Las indisciplinas, conductas antisociales, actividades ilegales y la mala educación que se manifiestan desde la falta de higiene cuando vecinos botan la basura en las calles y aceras (2), o derrochan el agua en jardines y parterres; ruidos insoportables (música con altos decibeles, motos sin tubos de escape, incluidos los provocados por los llamados vendedores callejeros), hombres sin camisa caminando por las calles, personas tomando bebidas alcohólicas en las vías, , o la violación de las regulaciones urbanísticas con la alteración de inmuebles, especialmente de fachadas, sin permisos oficiales, o talleres de mecánica improvisados en las aceras, alquileres de viviendas y taxistas ilegales etc…tienen  principalmente un carácter cultural-económico y por supuesto de la perenne falta de control de las autoridades provinciales. Apoyados en el sector docente enriquezcamos  la educación, los valores y la cultura general y estética de los educandos, de la familia y de la sociedad. Crear  atractivos programas conducentes a cultivar (de verdad) en los niños, adolescentes y jóvenes el hábito de lectura, los valores de la disciplina, la educación formal, el respeto a los mayores, el cuidado a la propiedad, el amor a su ciudad (estos planes serán interesantes para estos sectores etarios si se complementan con las Tics). No pueden faltar en esta voluntad política la participación de los medios, las organizaciones de masas y sociales y otras instituciones. Pero es imprescindible que paralelamente elevemos el nivel económico y la calidad de la vida de los habaneros (construyendo viviendas en primer término).

Pero estas feas conductas no desaparecerán solo por esto. El ejemplo democrático de la discusión de la Constitución por el pueblo, debe servirnos para enfrentar esta situación. Sometamos a debate con la población (a través del periódico Tribuna y en  los centros de trabajo y en las cuadras) un proyecto de Normas de convivencia social, previamente publicado en los medios (se incluiría el tema de la higienización de la ciudad). ¿Cómo quiere el pueblo que sea la disciplina social en La Habana? Tras enriquecer el documento con las opiniones de la población, se debatirá en las Asambleas del Poder Popular  de los municipios y el documento que resulte de estos análisis, sería refrendado por el Gobernador provincial con su firma. Este documento debía contemplar tres pasos para con los infractores: Actas de Advertencia, Multa (gravosa) y finalmente (si fuera necesario) las Salas de lo Civil de los Tribunales Populares Municipales.

Por espacio de tres meses se divulgarían ampliamente las “Normas  de convivencia social” aprobadas y las autoridades del Orden Público, los inspectores y el pueblo llamarán la atención educativamente a los infractores. Trascurrido este tiempo se exigirá coactivamente el cumplimiento de las Normas de convivencia social. Previamente se  requerirá preparar a las organizaciones de masas, a los miembros del Orden Público, así como revolucionar el deficiente sistema de inspectores.

Las indisciplinas no son exclusivamente de la población. Las numerosas indisciplinas administrativas y también desidias e ilegalidades, son parte indiscutible del problema. Cuando un centro de trabajo no abre a su hora o cierra antes de tiempo, o en una tienda adulteran los precios, o no tienen cambio monetario, o un gerente impasible no le busca soluciones a las colas, o un ómnibus no se detiene como está establecido en las paradas, o un rutero estatal cobra más de lo establecido, o un funcionario negligente no llega a su hora, o entorpece el proceso, o quien interesado por “regalas” ilegales  alarga el asunto, y muchas, muchas más... son indisciplinas, indolencias e ilegalidades administrativas que afectan y desmoralizan a la sociedad en su conjunto. Es responsabilidad absoluta de las administraciones superiores erradicar estas repudiables conductas y de la población  criticarlos e informar.